La derecha es
siempre la derecha. De eso no hay la mínima duda. Lo mismo da la derecha de
Turquía que la derecha de Zamora. En todos sitios defiende los mismos intereses
y tiene las mismas finalidades. Su defensa de lo carca y de lo atrasado en lo
económico y en lo moral y su atención y favor
para las clases aburguesadas y potentadas. La lucha por el poder y el mando son
su finalidad última. Y he aquí, donde en las comunidades autónomas en nuestro
país, luchan por ese espacio la derecha centralista y la derecha autonómica.
Las dos por mantener su poder hacen bandera de lo pequeño, de lo pobre, de lo
reducido.
En casi todas
las comunidades autónomas la derecha centralista y jacobina discute el
electorado con la derecha nacionalista que, como fuerza insaciable que es, tiende
a la separación manteniendo, por supuesto, el poder estrecho y regional. Por
ello, cada vez que gobierna el PP en Madrid siempre hay problemas con los
nacionalistas. Y siempre, los que no somos de derechas, tememos que la cuerda
se rompa porque se tensa más de lo debido. No es lo que pasa cuando gobierna la
izquierda. También hay tensiones pero cuando el gobierno de Estado es dirigido por los
conservadores siempre nos asusta y nos preocupa más porque sabemos que pueden
ceder en lo fundamental y además son mas débiles que nosotros porque carecen de
soluciones al problema. Y es que ambas fuerzas políticas conservadoras luchan
por el mismo electorado y por el mismo espectro ciudadano.
España es un
país verdaderamente complicado en su configuración del Estado. Eso es más que
cierto. Su misma bandera lo dice. En el centro de la nuestra está el escudo
donde hay un castillo, un león rampante, unas barras, unas cadenas y una
granada. Ese simbolismo no es ni más ni menos que la configuración de
problemas, de realidades, de inquietudes y de soluciones que nos ha dado el
tiempo y la historia para configurar el actual Estado al que llamamos España.
El castillo, Castilla, no está predominante. Es una mas de la configuración de
esa metopa.
Pero ese
problema territorial que tenemos, o mejor dicho esa solución a la cuestión que
se plantea, no es nuevo. Si nos vamos atrás, hasta Carlos I, ya se planteaba lo
complejo de la gobernabilidad del Estado.
La derecha
española centralista (la misma que decía
en el 1934”antes rota que roja” cuando creó la CEDA), nunca entendió la configuración del
Estado. Madrid, el Gobierno, el centralismo siempre mantenía su españolidad férrea
y cerril sin percatarse que si algún territorio se separaba ya no sería España,
sino otra cosa totalmente diferente. Y nunca ha entendido que es necesario
hacer encajes de bolillos para mantener la comodidad de todos sin romper lo
sustancial.
Y ahora
percibimos que nunca la derecha nacida de la Constitución del
1978, heredera de tantos desmanes, creyó en el Estado autonómico. Siempre la vio
como un asunto de Poder concreto en los territorios. Nunca lo vio como una
consecuencia de una verdadera pluralidad parcelar del Estado. De esa falta de reconocimiento
viene la imposibilidad de hacer del Senado una verdadera cámara territorial. De
esa ausencia de proyecto autonómico, que no sea el jacobino, salen todos los
problemas cuando gobiernan el Estado.
El presidente
de la Generalitat
ha hecho un órdago a la grande cuando ha sacado a la calle la enorme
manifestación del día de la
Diada. Y ya tenemos el río desbordado y fuera de su cauce
normal. Ya ayer, en el Partido de la Champions, los graderíos clamaban y gritaban
independencia. La crisis hace mella, los recortes hace que se empobrezca el país
y los aprovechados gritan patria y cuando se grita patria sin sentido las cosas
suelen acabar mal. La desafortunada idea y planteamiento de la Generalitat choca con
la falta de modelo del Partido Popular que no sea el palo y tentetieso y el
jacobinismo más exacerbado. Y eso es más que grave. Calentar a la gente con alucinaciones
separatistas es muy grave y mucho más cuando en Gobierno Central no se tiene
cabeza ni mente abierta con ideas de progreso y pluralidad.
España se
rompe decían estos mequetrefes cuando surgían algunos problemas con el anterior
gobierno. España se rompe era el grito de la derechona en las portadas de sus
diarios. Ellos nunca dan soluciones. Nunca quieren acuerdo. Nunca la negociación
entre diferentes.
He visto hoy
las declaraciones de Artur Mas y me ha preocupado porque lo tiene mal. Pero la
cara de Rajoy ante un problema político (porque eso no es una algarabía sino un
problema político) que no se lo van a solucionar ni Europa con medidas
determinadas ni la Iglesia
imponiendo su moral retrógrada, debe de ser terrible.
Vamos a ver
como salimos de ésta. Yo confío en que bien. Pero la camisa no me llega al
cuerpo.
Pedro Villagrán
20.09.12

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