17 agosto 2012

LA NOBLE BANDERA REPUBLICANA

       Durante más de una semana he estado fuera de juego de mi presencia en mi blog por haber estado de vacaciones en el Sur de Francia. Ha merecido la pena pues lo he pasado verdaderamente genial. En la zona que he estado la tranquilidad, el reposo, los paisajes serenos  y el sosiego han imperado. Y ello es fundamental para reforzar amistades, robustecer contactos y hacer del silencio y de la conversación calma, una manera de estar. Mi tierra, Málaga, estaba de feria y todo lo contrario se imponía y he hecho bien en huir de aquí durante estos días.
       La prensa habla estos días de una opinión del Gobierno de Rajoy sobre la bandera republicana. En un alarde de total desconocimiento y de incomprensión sin límites,  manifiesta que la bandera que aparece en múltiples manifestaciones con la franja morada es una señal de violencia. ¡¡¡Hay que tener poca vergüenza y poco desconocimiento histórico para decir tan semejante chorrada!!!. Cada vez que un tema como ese sale a la palestra no debemos nunca de olvidar que el Partido Popular, múltiples veces, ha rechazado la posibilidad de un rechazo claro al Golpe de Estado fascista del 18 de Julio del 1936. Ese posicionamiento hace ver las cosas de una manera bastante determinada. Ese cambio de Régimen, para ellos, con un miserable alzamiento armado con una guerra fraticida posterior y un Régimen fascista que terminó cuando en 1975 murió el Dictador lo encuentran totalmente normal. Es que aceptan como si tal cosa que la fuerza bruta puede estar por encima de la razón y de la Democracia.
       La bandera roja y amarilla que se aceptó en la transición es, ni más ni menos, que la bandera de la discordia, la bandera de la imposición y la bandera de la división entre los españoles fuera la legalmente reconocida. Con el tiempo y la conformidad de que las cosas no se complicaran más, se cedió en su reconocimiento por parte de la ciudadanía y en esa situación estamos actualmente.
       Pero de ahí a pensar y decir, por parte de este gobierno, heredero de tantas cosas malas y nocivas para este país, que la bandera roja amarilla y morada incita a la violencia, es de una idiocia y de una memez mayúscula, además de un desconocimiento total de nuestra historia.
       Dejemos las cosas en paz. No removamos la historia en aras del follón y del jaleo. Pero no olvidemos situaciones dolorosas y terribles que sucedieron y que tuvieron claros responsables cuyos auténticos herederos de las mismas rigen actualmente los destinos de este país. Y a los hechos me remito con las desgraciadas apreciaciones del Gobierno sobre el asunto.
       Mi padre era republicano y solo por ello sufrió toda su vida bajo un extraño estigma de felonía por haberse simplemente opuesto al criminal golpe militar. Mi madre fue inhabilitada de su profesión de Maestra simplemente por no haberse  puesto a disposición de los golpistas. Yo soy republicano y no solo por sintonía con ellos sino por simple defensor de los Derechos Humanos, de la democracia y del orden constituyente y además, que es lo más importante, por pleno convencimiento de un Sistema mejor que el actual, donde los príncipes, los cuñados mangantes, las princesas y los principitos forman una casta superior al resto de los mortales.
       Y ese republicanismo, del que me siento orgulloso, está en mis adentros y no en un color determinado de una bandera. Pero es más que evidente que quien en una manifestación enarbola la bandera tricolor recibe todas mis simpatías y todas mis conformidades. Él lo hace en señal de rebeldía y de insubordinación a una situación deteriorada traída por los enemigos de esa bandera y de ese sistema. Y yo lo respeto y lo aplaudo. Y siento por él una autentica complicidad. Todo lo contrario de la repugnancia  que siento cuando los curas, los fachas y los derechones de siempre, sacan sus aguiluchos y pajarracos de antaño para defender “su” orden, “sus” cavernas negras, “su” moral retrógrada y “sus” conceptos tan especiales sobre la convivencia.
       Por lo tanto mantengámonos calladitos, señores del Gobierno. Esos temas mejor no tocarlos con superficialidad porque a muchos, como a mi, nos duelen en demasía y nos hacen recordar muchas cosas que no les conviene mucho que se las recuerde.




Pedro Villagrán
16.08.12
    

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