13 diciembre 2011

EL VALLE


Paco Espinosa, que ha sido el verdadero motor de las exhumaciones del Cementerio de San Rafael, me encargó hace unos dos años, tomase contacto con Patrimonio Nacional para interesarme por unos restos que allá por los cincuenta y tantos, habían sido retirados de las fosas de San Rafael de Málaga y habían sido llevados, por orden del Gobernador Civil de entonces, al Valle de los Caídos. Soy muy sensible e interesado en estos asuntos y conocía su labor en San Rafael, donde muchas veces le visité y le animé en su labor, y raudo me puse a trabajar sobre el tema. Contacté con el Director General de Patrimonio que me puso en contacto, a su vez, con un fraile de la Abadía que era el responsable de los archivos. Le visité y estuve allí viendo los archivos de los traslados antes referidos y de los sitios que ocupaban actualmente. Se trataba de unos restos de fusilados por parte de los rebeldes cuando la toma de Málaga que habían sido enterrados en San Rafael no en las fosas comunes con cal viva encima sino restos identificados individualmente de ciudadanos fieles a la República que habían sido fusilados por los nacionales y que estaban enterrados separados. Franco quiso, allá por los cincuenta, cambiar el sentido del Valle para que estuvieran allí restos de los dos bandos y no solo del bando nacionalista. Las familias malagueñas de leales a la República, llamados rojos por los fascistas, al enterarse, en estos días, de que estaban exhumando restos en San Rafael quisieron saber de sus muertos y se encontraron que estaban enterrados en el Valle de Los Caídos por un traslado que, evidentemente, desconocían.

En los sesenta y algo, en una excursión del Instituto de fin de curso, fuimos a Madrid, al Escorial y al Valle de los Caídos de visita turística. Cuando le dije, ya en Jerez, a mi padre de mi visita, éste se cabreó bastante por aquella repugnante visita y protestó en el Instituto por haberla realizado (mi padre era incombustible. Con todos los problemas que tenía fue al Instituto a protestar…). En el ochenta y siete , en el verano, fui con Marisa, con mis hijos Daniel y Yago a Asturias. Y al regresar para Málaga pasamos por allí y les invité a entrar. Estuve allí de nuevo. Marisa se cabreó mucho conmigo por ir a aquel lugar. Yo quería verlo de nuevo. Pero lo que más quería en aquel lúgubre deseo era ver la tumba de Franco, que yo la había visto con mi Instituto vacía, y ahora estaba llena, sellada y lacrada por una enorme piedra de mármol.

Ese lugar repugnante, necrófilo, nefasto y ominoso está ahora en candelero. El Parlamento hizo una comisión para estudiar que hacer allí. Y en esa comisión ha habido opiniones diversas. Desde dejarlo como está pasando por reventarlo hasta hacer un centro cultural de la Memoria. Pero siempre con una coletilla”…con el permiso de la Iglesia”.

Vergonzoso es poco. Es ignominioso. Es una falta absoluta de respeto a los enterrados allí y a la Memoria Histórica. Es un auténtico bochorno. Imaginemos un mausoleo en Alemania a Hitler o en Italia al fascista Musolini. Es auténticamente impensable. Y en España tenemos que aguantar un mausoleo al Dictador sanguinario de Franco al lado de victimas y rodeado por los lacayos que sufrieron la muerte por haberse enfrentado y levantado contra un Régimen legal.

Vaya por delante que no se cual es la solución completa a este asunto. Que no doy con la tecla de la salida. Pero si se lo que no quiero. No quiero que la Iglesia sea la albacea de ese desastre. No quiero que la Fundación Franco, que percibe un montón de dinero de los presupuestos para su vergonzoso mantenimiento, controle el asunto haciendo continuos actos antidemocráticos y claramente fascistas. No quiero que ni un solo euro de mis impuestos sirva para su mantenimiento. Que se caiga solo. Que se hunda en la miseria. Que reviente sin más. Y si se quiere hacer un Centro de la Memoria para los historiadores, hágase en un prado verde con un paisaje suave y dócil que invite a la reflexión y a la concordia y no en un lugar con tanto significado político desastroso, desagradable, nefasto, fúnebre y deplorable como es ese infausto recinto.

Pedro Villagrán. 13.12.2011

Pedro Villagrán

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