
Ayer, lunes día 10, me reincorporé a mi plaza de médico en el Hospital General Carlos Haya de Málaga. Después de casi ocho años de excedencia especial en el mismo, por haber desempeñado un escaño en el Senado de España, vuelvo a mi profesión de especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología en el Materno Infantil del Hospital General Universitario Carlos Haya. Allí trabajaba cuando mi Partido decidió presentarme como Senador en 2004. Y después de una experiencia realmente interesante donde he trabajado y he tenido la magnífica oportunidad de representar a mi Provincia y a sus ciudadanos en el Parlamento Nacional, vuelvo a mi trabajo por el que estudié, me formé y desarrollé mi profesión desde 1976.
Un hermano mío me preguntaba por teléfono el otro día si me había emocionado al dejar mi puesto de Senador. Me demandaba que le dijera, con toda sinceridad, si había tenido la experiencia extraña del hormigueo en la barriga junto al cosquilleo en la garganta y enrojecimiento de los ojos en un acto de emoción, al abandonar mi función representativa de parlamentario y volver a trabajar en mi profesión. Le contesté que ni por asomo. Soy bastante emocional y por eso me lo preguntaba. No he sentido, en absoluto, la sensación de vacío ni la sensación de pérdida. Y ello (mi mujer, mis hijos y mis amigos cercanos lo saben), es porque tengo muy claro lo que significa la temporalidad , lo voluble y lo inestable de la ocupación de un cargo público de tipo representativo. Ello depende de muchos factores cuando te proponen y también de otros elementos cuando te cambian.
Hace más de dos años le decía a mi mujer que quería pedirle un gran favor. Y ello era que si notaba, por un casual, que cuando dejara de ser Senador me entristecía, me abatía o me contrariaba por dejar de ocupar ese notable puesto representativo, me lo recriminase y me criticase con todas sus fuerzas. Y no le he dado motivo. Todo ha salido a las mil maravillas. No me ha reñido. Solo tengo un poquito de nostalgia de los compañeros que he dejado de estar con ellos en la cercanía de la discusión política, en la pequeña divergencia ideológica y en la sintonía, muchas veces, de pensamiento.
Está claro que no es por mí persona (lo aseguro) pero informándome de las conformación de las listas que van a dar la configuración del nuevo Grupo Parlamentario Socialista, creo que el Grupo que va a realizarse, viene va a ser bastante menos compacto, fuerte y sólido que el que acaba de terminar. El Grupo en el que yo he participado hasta hace días, era muy buen grupo parlamentario que ha servido para apoyar al Gobierno Socialista de Zapatero en estos casi ocho años. Ahora el Grupo que se inicia el 20-N debería ser mejor. Porque debería estar obligado a ser mejor, ya que los tiempos van a ser muy distintos y mas complicados. Y se podría haber aprovechado, en mi criterio, la experiencia para la nueva situación parlamentaria y no realizar un cambio tan radical en los componentes. Pero las cosas son como son y lo hecho, hecho está.
Ya estoy en mi Hospital. Mis compañeros me han acogido con muy buenas formas y con mucha camaradería. Me han demostrado la reprocidad de mi afecto hacia ellos. Y ello también hace que los cambios sean más llevaderos. Y además mi profesión es magnífica, solidaria, muy cercana a la gente y con un componente más que interesante de estimación social. Todo ello ha facilitado las cosas.
No he querido jubilarme en mi salida del Senado. Podría haberlo realizado. Y no lo he hecho, simplemente, porque no quería terminar mi vida laboral como fruto de la finalización de una actividad política. En el Hospital estaba en 2004 cuando, sin demandarlo ni por asomo, fui incluido en las listas de mi Partido. Y al Hospital vuelvo, a mi puesto de trabajo, para desde él, desde ese puesto, jubilarme como trabajador de la Sanidad, como miembro de una profesión que estudié, me formé y accedí por el esfuerzo enorme de mis padres, a los que recuerdo agradecido.
En estos momentos no hay emoción de vacío pero si de agradecimiento a mi Partido, sin personalismos, a los míos, a mis amigos y compañeros y los ciudadanos que me votaron y que me han hecho tener una experiencia magnífica, esperando no haberlos defraudado.
Está casi inelegante y feote decirlo pero quiero que sepan (en el buen sentido del ofrecimiento) que me tienen a su disposición si por algún percance, que espero sea liviano, haga que puedan necesitar de mi atención en la ocupación que actualmente tengo y que ocupo desde 1976.
Pedro Villagrán 11.10.2011
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