El viernes fue
un día muy emotivo para mi. Mis compañeros del Servicio de Traumatología me
dieron una comida de despedida en un restaurante del centro de Málaga. Y la
verdad que estuvo emocionante. Siempre es bueno y edificante que tus compañeros
de trabajo te den una especie de homenaje para despedirte cuando te jubilas.
Pero más sugerente e incitante es cuando se unen una serie de factores que mi
estancia en el Servicio concurren.
Es importante
saber que a los dos años del inicio de mi actividad laboral en Carlos Haya,
donde llegué desde Suiza en 1977, UGT me presentó como cabeza de cartel en la
lista para las elecciones sindicales. Allí estuve con Julián, con Teruca, Con
Paco Fernández Moreno (el Chispa), con Andrés el fotógrafo, Miguel, y otros muchos compañeros. Allí estuve en el
Comité de Empresa durante cuatro años utilizando horas sindicales en mi labor
en el Comité. Después en el 86 me nombraron Presidente de Cruz Roja y durante
cuatro estuve medio perdido de mi hospital. Y después desde el 2004 al 2011 estuve
con una excedencia en el Senado. Es evidente que mis compañeros, la mayoría de tendencia
conservadora, no comprendieran muy bien mis muchas ausencias.
Porque yo
siempre he pensado que no soy un profesional de la política. Soy un médico al
que la política le interesa muchísimo y que ,además, estoy en política desde hace mas de teinta y tantos años. Ni cuando me nombraron Presidente de
Cruz Roja ni cuando mi Partido me presentó a Senador en dos legislaturas, nunca
pedí lo que me ofrecieron y las dos veces me sorprendí como el primero en
aquellas nominaciones. Y cuando volví el pasado Septiembre a mi puesto de
trabajo en el Materno Infantil lo hice con una alegría que no os podéis ni
imaginar. Y esa es una situación muy diferente (porque todo es muy diferente).
Ante esas situaciones tan especiales quienes asistieron a
esa comida-homenaje, se comportaron muy cariñosos conmigo y llegaron a
emocionarme casi lacrimalmente. Me hicieron regalos, me dieron loatorios discursos
y se portaron, tanto con Marisa como conmigo, de una manera magnífica. Yo también
hablé y les conté mi posicionamiento de ser un hombre enamorado de la política
y de mi profesión. Le relaté que en un espacio tan pequeño como es un Servicio
de Traumatología (aunque no lo parezca) que es tan estrecho como el camarote de
los Hermanos Marx son normales los pisotones, los empujones y los roces. Que
yo, pensándolo mucho no era consciente de ninguno pero seguro que alguno habría.
Por ello les pedía perdón y disculpas.
Después risas,
recuerdos antiguos, repasos de experiencias, gentilezas de todos… total de todo
y muy bien regado de vino, champán y Whisky y licores.
Paco
Villanueva, un lujo de jefe de Servicio y magnífico amigo y compañero, mi buen
amigo Antonio González, mi paisano Ignacio Mateos, Alberto Machado, Esther,
Pepe Mora, Luís Morales, Luís Méndez, Alfonso Fernández Gallego, José Carlos
Cejas, David García de Quevedo, Irene Gálvez, Emi, Margarita y mas gente que yo
no me acuerdo y que siento no mencionar, estuvieron allí en aquel acto
entrañable que nunca olvidaré. Y mi mujer. Marisa también estuvo conmigo allí.
Total un acto
magnífico lleno de camaradería y amistad. Y yo más que requetecontento porque
no sabía que me apreciaban tanto.
Una vez
terminado el acto, solo, con Marisa, estuvimos en la terraza de Gibralfaro
viendo el atardecer en Málaga. Allí, en la intimidad con mi pareja, si me
saltaron unas pequeñitas lagrimitas en recuerdo a la emoción pasada y en
gratitud a todo lo que tengo que agradecer a mi vida profesional que me ha dado
tantísimas satisfacciones y alegrías junto a mis compañeros que esta tarde
estuvieron allí.
Pedro Villagrán
29.04.12

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